Descartes de Diógenes

Descartes de Diógenes

Escrito por Mr Ignominioso el 2 febrero, 2014

Mr Ignominioso

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Nada es real. Ni tú ni yo.
Nada es real cuando uno quiere difuminar su vida, proyectar pasados en el presente, reunir amigos invisibles, callar la conciencia.

Las provocaciones son pura cotidianeidad, la desidia funcionan como musas y la resignación como madre.
Mis escasas mujeres, a estas alturas, ya son en casa  y nuestro alrededor juega con ideas que se compran por apariencia más que por instinto.

Cambié de valores, risa y zapatillas. Me perdi, me ahorqué y me subí a un castillo de aire que nunca despegó.
Renací sin querer y resucité por inercia, maté sin necesidad y huí por costumbre, con dos cojones.

Además de eso, también tuve tiempo para equivocarme, para hacerme esquivo,
para prejuiciar mis prejuicios, para aunarme a la decadencia e infravalorar mi juventud.

Perdí la fe en las generaciones anteriores a la mía, menguó mi esperanza en la colectividad,
se esfumó mi conciencia de grupo y mi responsabilidad social, y no me gusta y no me gusto.

Vi a los maestros ejecutar discípulos, a chivatos entre los alumnos y a pelotas de pancarta y alirón.
Platón sabía de cavernas. Lo que no sabe es que en mi España de hoy, todos somos descartes que no sabemos dudar.

Hay más soluciones, pero tampoco creo que Diógenes sepa escribir, que Diógenes sea el ejemplo a largo plazo.
Alguien que dio genes sin motivación, planificación ni sentimiento puede ser alguien que se quede esperando que los perros  Pavlov toquen la bocina.

Está claro que no sé cual es mi camino ni la diferencia entre vigilia y sueño.
Ni tampoco voy a darme más motivos para escribir ni castigarme por no ser quien quieran que sea, hermano.

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