Café, tabaco y lujuria

Café, tabaco y lujuria

Escrito por VictoriaB el 23 enero, 2014

VictoriaB

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Lo que tiene de especial esto es nada. Es la misma escena de locura pasajera que tantas veces ha sido retratada. Los clásicos besos envenenados que saben a café, a tabaco y a lujuria. Las curvas recién estrenadas y los vestidos ligeros y danzarines, tan sencillos de romper como sus dueñas. Las muñecas de porcelana, las ventanas medio abiertas, los vecinos que no son ni sordos ni ciegos, las prometidas desquiciadas, las niñas malas. Los hombres pesimistas, narcisistas y aburridos de sus respectivas rutinas, con ganas de volver a sentirse vivos y despertar de su soledad disfrazada de compromiso. Son las caladas inocentes que nunca hablan de amor y las miradas que huelen a sexo, las minifaldas y los excesos. La obsesión, la inercia, el vicio, el pecado más perverso. Las medio sonrisas cargadas de pasión, los oscuros objetivos, la satisfacción. De unos labios pequeños, con sabor a miel, nacen los susurros más evocadores y provocadores, las historias más sucias, las medias más negras. Y de las voces roncas, arrugadas, resabidas de alcohol, nacen las experiencias más satisfactorias. Y es esta combinación innegable y absoluta la que ha ido dibujando la historia de las carencias afectivas y las ganas de fingir el amor.
 

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