Brutalidad carnal

Brutalidad carnal

Escrito por Psicodelicious el 27 enero, 2014

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Un día inspirada, dispuesta y decidida se despertó. Sus pies puso en el suelo y se levantó.
 
Ella nunca lo había sentido, no sabía lo que era, lo había buscado por cada lugar y cada ser que se había cruzado en su camino.
 
Su mochila en los hombros colgó y un pedazo de moño dorado es su cabeza dibujó.
 
Por la puerta salió y toda una nube de pensamientos el vuelo tomó.
 
Los pensamientos fueron variados, desde los más dulces a los más guarros. Los dulces hablaban de sentimientos y los guarros de gemidos hambrientos.
 
Las montañas cruzó, en ríos desnuda se bañó. Mientras, sus pensamientos seguían volando… Efectivamente, volaban los guarros.
 
Ella quería sentir, sentir lo que sienten todos, todos hablan de ello. Hablan de lo que sienten cuando rozan, cuando tocan, acarician y aman. Ella lo había visto en el lugar en el que vivía.
 
Pero ella no lo sabía, no lo sentía. No entendía porqué, ¿qué no tenía ella que tuvieran los demás? O al revés, ¿qué era lo que ella tenía y que no tenían lo demás?. ¿Era una cuestión de tener o no tener?
 
Vestida de nuevo, con el hombro cargado y su moño dibujado siguió caminando. Apareció un lugar, un lugar de hormigón y con gente al montón. Allí se coló, dispuesta a apretujarse en medio de aquel monzón. Con la esperanza de que algún roce le hiciera sentir lo que nunca conoció.
 
De repente, en un instante, una voz dulce escuchó: “- ¿Puedo volverte a rozar?-”. No era la primera vez que se lo pedían, el caso es que ni ella sabía que había habido una primera vez, como la expresión “volverte” señalaba.
 
Ella se giró, por primera vez algo notó, notó como se estremeció. No era ningún órgano en concreto, era justo ese hueco, el que está justo debajo del estómago. Pero no lo notó con el tacto, sino con la vista. La visión de aquel ser.
 
Entre toda aquella muchedumbre se dirigió hacia él. Entre ilusionada y puede que excitada, pero no lo sabía realmente, se plantó delante de él. Era un ser extremadamente dulce.
 
“- ¿Puedes contarme qué has sentido y hacérmelo sentir?”. Dijo ella.
 
Él sonrió, ella vio cómo la cogía de la mano y empezaron a esquivar a cada uno de los seres. Vio que él tenía una mochila parecida a la suya pero más grande.
Entraron a una enorme fortaleza de hormigón. Él lanzó su mochila y las escaleras junto a ella subió hasta llegar a una habitación.
 
“-¿Qué quieres sentir?”. Él preguntó
 
“-Todo”. Con los ojos como platos, de plástico pero como platos.
 
“-¿Una caricia?”. Dijo él sonriente
 
“- Más”. Dijo ella.
 
“- ¿Un beso en la mejilla?”. Él de nuevo preguntó.
 
“- Todavía más…”. Con los ojos más abiertos volvió a contestar.
 
“- ¡Espera! ¡No puede ser! Eso son cosas de mayores y yo…¡solo soy un niño de 10 años! ¡Además tú no puedes!”.
 
“- ¿Por qué no? Esta vez sus ojos verdes de plástico, estaban enfadados.
 
“-¿Pero no lo ves? ¡Eres una muñeca! La que mi hermana quería… pero te compraron todas la niñas del mundo. Los mayores decían en la tele que eráis reales como una amiguita y las más suaves del mundo, y es verdad.
 
“-¿Qué dices? ¡Yo soy una chica que quiere hacer…“eso”!”
 
“- SHHHHHHH ESO NO SE DICE. Y eres una muñeca, la muñeca de mi hermana. Y la más real.
 
Al escuchar eso, la nube de pensamientos tronó y un chaparrón de recuerdos llovió…
 
Todo era gris, una fábrica podemos decir, sus ojos ovalados y plastificados lo vieron así: tenía el pelo deshecho y los dientes separados, así lucía ese ser que veía por primera vez. Alrededor un montón de ellas que eran como ella, con moños dorados y hombros con mochilas cargados, metidas dentro de una caja que decía: “Sweety. Tu amiga, más suave”. Los brazos de todas ellas se notaban suaves con solo mirarlos. Pero no los brazos de él, el de los dientes separados, sus brazos de liquido rojo y espeso estaban manchados. Los brazos de ella, los de la otra chica. Otra, la única que no estaba metida en una caja, tirada en el suelo y con los ojos cerrados, tampoco eran suaves. Y no eran sus brazos los que de liquido rojo y espeso estaban manchados, sino sus pechos.
 
Al ver a esta chica sus ojos de plástico se convirtieron en platos asustados y en su pecho sentía que alguien marcaba unos pasos acelerados, alguien que no era ella misma o algo que no era suyo.
 

 

 
Así sin más, sus piernas corrían y por un pequeño agujero calló. La cabeza se golpeó.
 
Todo era verde, sus ojos ovalados y plastificados lo vieron así: Un muro gigante, donde se veía gente que hablaba. Y enfrente, cosas de metal y círculos grandes de goma, donde cabía gente dentro. Toda esa gente era más grande que ella, como los de la fábrica. Claro que en la caja ponía su altura, quería recordar que ponía: 1,10m de altura. Allí, dentro de las cosas de metal, la gente se tocaba entre ellos, solos y… les gustaba. A partir de ahí sólo vivió intentando tocar, intentado sentir. Vivía en aquel autocine, persiguiendo su meta, pero la gente como mucho la miraba extrañada, a veces iba gente más bajita, que sí que se acercaba, pero lo altos decían: “- No, no sabes de quién es”. Y así pasaban los días.
 
“- Mola mucho que tú también seas un juguete que habla de verdad. Vas a ser mi amiga y de mi hermana también. Y me va a perdonar por pegarle el chicle en el pelo.”. Dijo ese loco bajito.
 
Ella, al principio, no se había percatado de que ese ser, era de los bajitos. Y, ahora le arrastraba por un pasillo, lo notaba por su posición acostada, iban a otra habitación. Y allí la dejó.
 
“- Quédate aquí”. Le ordenó el niño.
 
Al cerrar la puerta… ella puedo ver un peludo oso. ¡Oh si! Se notaba que ese oso era suave con sólo mirarlo. Al mirarlo, ese oso el ojo le guiñó. Ella lo volvió a notar, su hueco interior se estremeció; pero esta vez no era por la dulzura, esta vez sí, esta vez era… excitante, lo sabía… y sí, un poco dulce también… ¿Por qué no?.
 
“- ¿Qué pasa baby? ¿También te fabricó ese tarado de pelo deshecho y dientes separados?” Le preguntó con sonrisa pícara el oso peludo.
 
Los escucharon llegar, pero les dio igual. Ese dulce ser y su hermana la puerta abrieron y esa niña con su voz repipi gritó:
 
“-¡AAAAAAAAAHHHHHHHHHH! ¡ESTÁN HACIENDO COSAS DE MAYORES!

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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