El suvenir latino

El suvenir latino

Escrito por Psicodelicious el 5 diciembre, 2013

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Esto era una vez un señor con pololos que un día se levantó con esas ganas, esas que a veces a todos nos entran, con ganas de explorar. El solía ir a la India a por esas cosas que se traen de allí desde el principio de los tiempos, especias y telas.
 
Pero un día, así como quién no quiere la cosa, decidió que ese camino marítimo ya no le convencía para llegar a su destino y que quería cambiar la ruta. Sí, sí, eso mismo que todos hacemos de: “- me voy a bajar en esta parada, a ver si encuentro algo interesante por este nuevo camino.”
 
Pues así se levantó ese día de 1492 este señor con pololos, con sentimiento Boy Scout. Pero en esta época aún no estaba de moda eso de ir de Boy Scout por la vida, vendiendo galletitas, camisas, calendarios o cualquier cosa que todos los demás compran por lastimica para que otros puedan financiarse el viaje.
 
Este señor se lo montó de otra forma mucho más efectiva, se fue a buscar el dinero donde lo había. Así que, se arremangó los pololos y allí que se plantó, delante de los mismos Reyes. Un matrimonio muy común: ella hablaba y su marido asentía con la cabeza, eso sí, la última palabra siempre era la de él: “cariño, tienes razón”.
 
Más o menos esta fue la conversación:
 


 
 
– SEÑOR CON POLOLOS: ¿Me pueden dar dinero para cambiar la ruta de mi viaje?. Porfaplis.
– LA REINA: Sí claro, ahora mi marido va a buscarlo y te lo da.
– EL REY: Anda toma, pero nos traes un suvenir, ¿¡eh!?.
– SEÑOR CON POLOLOS: Por supuesto, todos los que me quepan en las carabelas.
 

Y allí que se fue, por su nueva ruta a la India. Pero para su sorpresa, la ruta no era tan corta como parecía en el mapa a escala y la India nunca aparecía… Hasta que un día se escuchó un gran grito que rezaba: “- ¡Tierra a la vista!”.
 
El señor con pololos se puso muy contento, pero había un detalle del que él no se había percatado, no estaba en la India. Había llegado a un nuevo continente. Así pues, al señor de pololos se le otorgó el título de “Descubridor de América”, un título que… bueno, se encontró, porque descubrir no descubrió nada, allí ya había gente y simplemente… llegó. Pero en fin, ¿quién no tiene una mentirijilla en su currículum?, ¿eh?, ¿quién?.
 
Y así, fue la historia del gran, único e inigualable Descubrimiento de América.
 
¿Que si trajo suvenires a los Reyes? ¡Uy! y tantos, desde nuevas hortalizas a tabaco,… ¡ah! Y un montón de riquezas que el señor de pololos y sus amiguitos Boy Scouts robaron a todas esas personas que vivían allí… ¿Que cómo? Pues cómo va a ser… mientras dormían.
 
Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

Con todo el cariño para todas esas personitas que están al otro lado del charco, ya que hace 5 siglos ni los del viejo continente se comportaron como personas, ni trataron como personas a los del nuevo continente. La esperanza: que los humanos aprendamos de los errores, que aprendamos a ser personas.
 
 
 

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