El cielo de la boca

El cielo de la boca

Escrito por Killbull el 15 diciembre, 2013

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EL CIELO DE LA BOCA

Toro.

En este instante acaba de caérsele una bombona de butano encima a un cuadripléjico. Tal es la maldad de este ser…

No sabéis quien soy. Nunca habéis oído hablar de mí. Es normal, ellos se esfuerzan en borrar mi nombre de la realidad, me desgarran y me arrojan al olvido. Quieren que nunca haya existido. Ellos están ahí, aunque no puedas verlos. Como un gusano  dentro de una herida infectada, se arrastran por los colegios, dentro de la policía, en la política. Acechan en las más altas esferas de nuestro mundo expandiendo su podredumbre y su hedor. Ellos son los toros.

Mi nombre es Killbull y soy el último miembro de la hermandad del cuerno sangriento. Una hermandad de rancio abolengo, creada en tiempos oscuros, nacida de las cenizas de la esperanza.

… Killbull…

Ahora ese nombre es tan parte de mí como mis manos. Como mis ojos. Pero una vez tuve otro nombre. Tuve otra vida… Pero eso será contado a su debido momento. Ahora tengo que relataros algo mucho más acuciante. Sé que muchos de vosotros veis al toro como un animal inofensivo. Totalmente inocente, con el que no dudaríais en tener una relación sexual interespecie. Eso es lo que creía Nadia…

Oh Nadia… mi amada Nadia…

Pero eso son mentiras… ¡Un saco de putas mentiras! Igual que cuando mi padre me contó que tragar cuchillas de afeitar era bueno para la digestión… aún recuerdo sus risas. El toro es el mal, una mente podrida que disfruta con el sufrimiento del ser humano. Esa sucia conciencia ha tenido un papel destacado en cada una de las desgracias del ser humano.

¿Que no os lo creéis? Bueno, ¿qué me decís si os digo que el toro es el responsable de que Dios expulsara a Adán y a Eva del paraíso?

Así es. Solo los discípulos de la hermandad del cuerno sangriento tenemos acceso a las escrituras previas a la biblia. Los diarios secretos de Adán y Eva que escribieron sobre papel maché.  Es difícil pensar que un ser pueda ser creado portando un mal tan profundo en su interior. Una maldad tan primigenia…
Según los diarios secretos de Adán y Eva, el paraíso era un lugar repleto de armonía y belleza, un sitio que hacía honor a su propio nombre. Sin embargo, entre toda aquella paz, había un ser que perturbaba aquella tranquilidad. El toro. En estos diarios, se describía a este animal como un ser solitario, agresivo y sobre todo con una creencia muy extrema hacia la oligarquía. En ocasiones mostraba un comportamiento salvaje hacia otros animales, por lo que Dios tuvo que confinarlo en una pequeña isla, rodeada de alambre de espino y vallas electrificadas llamada Jurassic Park.

Durante dos años, el toro estuvo encerrado en esa isla, mientras su cordura iba infectándose y alimentaba su rabia con pensamientos de niños que se caían con la bicicleta y después su madre en vez de abrazarlos les pegaba. Sin embargo, su prisión no fue permanente, ya que la criatura más vil y mortífera de toda la creación ayudó al toro a escapar. Esta criatura era el Toro.

Empleando métodos paganos y hemofílicos, el toro, antes de que fuera arrojado a aquella isla, logró crear una copia exacta de sí mismo clonando sus células en un laboratorio clandestino que había fabricado dentro del cuerpo de una ballena. Esta copia del toro, al grito de “Alá es grande”, se lanzó hacia la verja electrificada sobrecargando los sistemas y causando un apagón general de todo el paraíso. Así, la criatura más maligna de la existencia (el toro), dio su vida para liberar a la criatura más maligna de la existencia (el toro).

Cruzando el mar en medio de una embravecida tormenta, el toro consiguió llegar al paraíso de nuevo en plena noche. Agotado, pero colmado de una rabia atroz, el toro fue al lugar donde dormía Adán y silenciosamente y sin despertarle, le arrancó la piel de la cara y se la colocó sobre su propio rostro. Después de este grotesco acto, fue al palacio de plastilina, el hogar de Dios y se introdujo suavemente en sus aposentos.

Dios estaba durmiendo, y el toro lo contempló durante largo tiempo con la cara sangrante de Adán sobre su piel. Su rabia se había vuelto una densa bruma de irracionalidad que colapsaba todo su ser. Lo miró. Miró a Dios durante largo tiempo.

Y entonces lo hizo.

El toro corrió a toda velocidad hasta Dios y aprovechando un ronquido suyo, le dio una cornada en el cielo de la boca.

Fue entonces cuando a nivel cósmico se lio parda.  Dios creyó que había sido Adán el que le había dado la cornada y se cabreo muchísimo. Llamó a un montón de matones para que destrozaran el paraíso y todos tuvieron  que escapar fuera de las fronteras del Edén. Desde ese día Dios no volvió a hablar con la raza humana y la dejó a su libre albedrio. Se marchó fuera del planeta, a un lugar celestial para no tener que vernos nunca más. Y aún hoy tiene que ponerse vetadine en el cielo de la boca dos veces al día.

Todo, absolutamente todo por culpa del toro. Perdimos la posibilidad de vivir por siempre en la más eterna felicidad, de que jamás hubieran nacido palabras como guerra, hambre, pobreza, queso… De existir en un mundo donde no tuviéramos que contemplar cada día cientos de miserias. Y el toro es consciente de todo ello… y en las más oscuras noches, noches donde el frío y la tristeza atenazan el alma, los toros salen de sus escondites y disfrutan lamiendo las lágrimas de los sin techo.

… Este fue el comienzo. Pero este animal ha formado parte de catástrofes que jamás creeríais. Su existencia entera se reduce a destrozar la felicidad. Y ahora es cuando debéis creerme o pensar que soy un pobre loco. Pero si no os he abierto los ojos ahora, creedme que lo seguiré intentado. Juro por mi amada Nadia que relataré cada acción maldita que me ha llevado a mí, a Killbull, a jurar que no obtendré descanso hasta que esta abominable raza sea eliminada de la faz de la tierra.

Así que cuidado…

Ellos siempre apuntan al cielo de la boca.

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