Azogue

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Escrito por Paco el 11 diciembre, 2013

Paco

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Había una vez un brillante científico que vivía con su mujer en un tranquilo pueblo. La pareja era muy feliz, ya que hacían muchas cosas juntos, sin embargo no podían tener hijos, ya que el científico perdió la mitad inferior de su cuerpo al sufrir una gangrena en un dedo gordo del pie que se extendió con rapidez. Él mismo tuvo que operarse con urgencia cuando un día después de ver una película notó que sus piernas y la mitad inferior de su abdomen estaban completamente podridas.

La mujer del científico deseaba con fuerza tener un hijo y eso era lo único que perturbaba la felicidad de aquella pareja. Sin embargo el científico nunca se rendía y noche tras noche trataba de dejarla embarazada utilizando un pedazo de intestino que había quedado fuera de su cuerpo, pero el milagro nunca llegaba. Un día de mucho calor la mujer estaba cocinando una comida muy rica, cuando de repente comenzó a sentir que se iba a morir de sed. Rápidamente se dio cuenta de que no había bebido agua en todo el día, así que fue corriendo hacía el grifo mientras su cuerpo se deshidrataba. Tristemente no le dio tiempo a acercar sus labios al grifo y calló al suelo muerta de sed.

El científico se puso muy triste y se pasó varios segundos llorando. Los segundos se convirtieron en minutos hasta que finalmente el hombre se puso en pie y decidió hacer realidad el sueño de su mujer. Tendrían un hijo. A partir de ese día, el científico dejo de comer y se preparó psicológicamente para su azaña. Tres meses después el hombre solamente pesaba 30 kilos y volvió a la cocina donde aun se encontraba el cadáver de su mujer. Poco a poco fue cubriendo con aceite su cuerpo y cuando estuvo completamente embadurnado, comenzó a introducirse por la boca de su mujer.

Contorsionando su cuerpo y desencajando los podridos huesos de la mandíbula de su mujer, el científico fue descendiendo lentamente por su esófago. Con tranquilidad e imbuido en un sentimiento de amor y plenitud, el hombre llegó al vientre de su mujer y allí pudo contemplar algo verdaderamente hermoso. Repartidos por todo el vientre estaban los fetos de todos los hijos que había intentado tener. Eran preciosos y comenzaron a darle besos a su papa en cuanto lo vieron.

Con las lágrimas llenando sus ojos, el científico descubrió el motivo de porqué no habían podido nacer. En la salida del útero de su mujer había un amasijo de ignorancia. El hombre se acercó hasta la ignorancia y cuando estuvo enfrente, una voz brotó del amasijo:

  • La dualidad del ser constituye un eco en la historia del pensamiento animal.

En ese momento la ignorancia fue desapareciendo hasta que la salida del útero estuvo completamente libre. El científico ayudó a sus hijos a salir al exterior y lloró de alegría cuando los fetos comenzaron a saltar de alegría fuera de su madre.

Poco a poco, el científico comenzó a salir a través del aparato reproductor de su mujer, sin embargo cuando tenía los hombros fuera, sintió un tirón. El hombre trató de salir por completo pero era inútil. Resultaba que el intestino que tenía fuera había quedado enganchado en una de las costillas del interior de su mujer y había quedado atrapado. Pero eso no le importó mucho al científico, ya que había cumplido el sueño de su mujer y todos los hijos que había soñado con tener se encontraban delante suyo. Desde ese día, a pesar de vivir siempre encallado dentro del vientre de su esposa, el científico fue feliz para siempre.

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Si quieres conocerme llámame! Hablame por feisbuc o por donde sea que aqui es muy impersonal, no crees? Además, te prometo contarte la historia de mi perro Cucky, una desgarradora historia de traición, amor, rencores y reverberaciones. Pero bueno, para que no te vayas con las manos vacías te dire que mis chicles preferidos son los Bubalus y que odio que la gente piche mi glande con la punta de un compás. Un abrazo y si... yo a tí también.

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