Diálogos con la forma

Diálogos con la forma

Escrito por Laura Carmona Ayuso el 27 noviembre, 2013

Laura Carmona Ayuso

7 publicaciones

Y ahí estoy, de pie, con el espacio en blanco delante, todo para mí, todo de mí. Cojo la brocha, la mojo en pintura y de camino a la impoluta y pura madera mis ojos a modo de proyector dibujan las primeras líneas de lo que será mi cuadro.

Ya está, ya no es blanco, el espacio se tiñe de color. Ese rectángulo ahora me sirve como metáfora de mi vida y sobre todo del momento (cuando pinto, cuando creo siempre hay fecha de caducidad, lo efímero es parte del trabajo, o más concretamente, el mensaje cambia con el paso del tiempo).

Se ha dado comienzo a un intenso e íntimo diálogo entre el soporte, el material y yo. Diálogo simbólico en un idioma que sólo los dialogantes entienden o eso pretenden, donde la mentira es imposible, donde las palabras son movimientos convertidos en formas de color.

Me alejo, me acerco, cambio de color, suelto la brocha, uso mis manos, pinto con mis dedos… La pintura está aguada, la dejo libremente que cree sus formas y ante esas formas intervengo con mis manos, con mi cuerpo, balanceando la madera… Escucho y luego hablo, observo y luego actúo.

La conversación fluye, hay sintonía, pero allá en una parte que se escapa al control, si es que alguna vez lo hubo, donde la espontaneidad es la norma, aparecen manchas, manchas que interrumpen la conversación y sobre todo la armonía, dialogantes no invitados a la conversación pero no faltos de un mensaje, ruido.

Entonces me dirijo allí, dispuesta a transformar el error en acierto, a integrarlo entre las formas. Busco los colores adecuados, las cantidades precisas y ¡pum!, eso que era una mancha que interrumpía, voces que hacían ruido, ahora son parte grata del cuadro, (¿no es así como funciona la vida?, ¿se ha ido el problema?).

La pintura, además de en el soporte, también está en mi ropa, en mis manos, en el espacio de diálogo, hay una fusión (¿somos todos parte de lo mismo?, ¿somos todos uno?). La conversación sigue, las formas se fijan, el brillo de la pintura recién dada se va apagando. ¡Uh! Una vez más la sintonía se interrumpe, el ruido ha vuelto, las manchas han vuelto. Esta vez es más complejo controlarlas o integrarlas, lo intento pero quedan restos. Restos que sólo yo veo, el espectador no percibe tan íntimo y concreto detalle en tan abstracto lenguaje.

Dejo de pintar, me voy, al tiempo vuelvo, me pongo delante, hay algo que no funciona, el ruido ha desestabilizado la armonía, no es grande, pero hace que el resto de formas desaparezcan, (¿cómo acabar con él? ¿por qué insiste en quedarse?). No es cuestión de técnica, ni de espacio, ni de material, en este punto parece más fácil dejar el error ahí que arriesgar (¿enfrentarme?, ¿mejor vivir con miedo que vivir el momento de tempestad previa a la calma?).

A mi modo, sin ánimo de bloquear al ruido intento transformarlo en armonía, no tiene que desaparecer, sólo sumarse a la conversación, no lo consigo, mis soluciones son parches, el ruido vuelve, se repite una y otra vez.

Aunque no quiera admitirlo, soy yo la que crea la mancha, la que hace el ruido. Me asfixio intentando callarlo, sólo por no querer ver la real manera de silenciarlo. El tiempo decide unirse, esta vez con más fuerza, trae paz al diálogo, me aleja, limpia mis manos, mis ojos, me prepara para volver a mirar, para volver a actuar.

Y ahí estoy, de pie, con el espacio delante, todo mío. Cojo la brocha, la mojo en pintura y de camino a la ya no impoluta y pura madera, mis ojos a modo de proyector guían a mis brazos, a mis manos a recuperar la armonía.

 

Art is a human activity consisting in this,
that one man consciously, by means of external signs,
hands on to others feelings he has lived through,
and the others are infected by theses feelings and
also experience them.

León Tolstói

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