Sin billete de vuelta

Sin billete de vuelta

Escrito por Laura Carmona Ayuso el 3 septiembre, 2013

Laura Carmona Ayuso

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Tres despidos en tres meses consecutivos, en trabajos de dudosas condiciones y que nada tenían que ver con mi profesión, fueron los que aceleraron mi partida. Sí, no hay duda, soy española. En ninguno de los tres casos mi despido fue avisado con antelación sino que fue de un día para otro e incluso en uno de ellos todavía estoy esperando a ser despedida… pero claro ¿se pueden reclamar en España los derechos del trabajador o sólo existen los derechos del empresario? Derechos que no deberes.

Durante esos tres meses yo pensaba en irme, pero pensaba sin pensar, en el fondo no quería irme. Tenía la esperanza de encontrar mi oportunidad en España, pronto me di cuenta de que esperanza en España, poca. Esta situación sólo me dejó una salida, hacer las maletas, pero ¿adónde? Demasiado duro era irme como para irme a ciegas, no quería empezar de cero. Tras mandar mis solicitudes a rincones de todo el mundo me respondieron de Suiza:

“Laura Carmona Ayuso, eres muy bienvenida en nuestro proyecto. Podemos ofrecerte unas prácticas remuneradas durante seis meses”.

Sí, señores, existen prácticas remuneradas, hay países en los que tu trabajo se valora y recompensa, prácticas en las que no quedas como un egoísta e ignorante cuando preguntas tu sueldo.

Junto con la noticia llegó mi último despido, conclusión: irme cuanto antes, no conocía el idioma (alemán), ni la sociedad suiza. El trabajo era en una clínica psiquiátrica, lo mejor era ir conociendo la cultura suiza. Los factores sociales y culturales moldean las enfermedades, ¿es igual un bipolar en Suiza que en España?

El 7 de enero me convertí en uno de cada dos jóvenes españoles titulado sin empleo ni aspiración a él. Ser licenciada, haber estudiado un máster y hablar tres idiomas no es suficiente y más queriendo trabajar con personas, creyendo en la inclusión social y en la igualdad de oportunidades. Me resulta curioso cómo aunque son principalmente los bancos los que nos han llevado a estos lodos por el contrario los sectores más castigados profesionalmente sean los sociales, educativos, culturales, los humanos… ¿No creéis, señores y señoras que manejáis el mundo a vuestro antojo, que se os ve demasiado el plumero?

Sin embargo el 17 de febrero pasé a formar parte del grupo de “expatriados” o, por otro lado, “jóvenes aventureros”, según quién hable se utiliza un nombre u otro. En definitiva, me convertí en inmigrante.

¿Qué es emigrar? ¿Qué es ser una emigrante? Emigrar es romper con tu pasado para apostar por tu futuro, buscar una oportunidad, una vida o un lugar para tener una vida digna. Hacer la maleta con lo materialmente imprescindible y prepararte emocionalmente para el cambio. Tus amigos, tu familia, tus paisajes y parte de ti se quedan en el lugar de origen.

En definitiva, emigrar es hacer una mudanza, buscas dónde ir, revisas qué llevar, lo empaquetas. Parte de las cosas las dejas, otras, a veces, se rompen en el camino y a lo que llega contigo le tienes que buscar hueco, colocarlo como crees que puede funcionar en tu nueva casa. En ocasiones, la manera de ordenar nuestras cosas no encaja con la manera que nuestra nueva casa pide, otras incluso puede asustarnos hacerlas encajar, hay que encontrar el equilibrio, adaptarse.

A veces, sobre todo al principio, tu identidad se altera bruscamente, te conviertes en alguien que nunca habías pensado, y con quien en el fondo no te identificas. En mi caso soy au pair, aunque no quiero serlo, esto no estaba en mis planes, después de los esfuerzos formativos, este trabajo no alimenta mi ego, no es lo suficiente, pero de la frustración hablaremos otro día. Es mi precio para aprender el idioma y conocer a los suizos. Una primera parte de mi vida llena de excesos, derroches y de vivir por encima de mis posibilidades me ha llevado a ello. Nacer, educarme, estudiar, aprender, estudiar, luchar, trabajar, viajar… Cierto, he vivido 25 años por encima de mis posibilidades, mi vida hasta ahora ha sido un puro exceso.

Au pair es una forma muy pro de llamar a las personas que se dedican a hacer de canguro, cuidadora o babysitter. Formalmente consiste en vivir con una familia de un país distinto al tuyo, participar en el día a día, educación, intercambio cultural y principalmente la enseñanza de un idioma, con el tiempo “eres parte de la familia”. En cuando al idioma, debe ser una enseñanza bidireccional, pero por lo poco que sé, a menudo es unidireccional (tú enseñas). La realidad de este trabajo es que eres un empleado sin horarios, cuya disponibilidad es absoluta, no siempre tienes tu espacio privado. Y si vas a parar a una familia de la alta sociedad serás tratado con inferioridad, también serás invisible y la naturalidad no existirá, esto ocurre sobre todo en los eventos sociales.

España durante las últimas décadas ha sido un país receptor de inmigrantes, ahora somos los españoles los que emigramos, nos formamos y nos vamos. No llegamos en patera, nos llevan las low cost, ni enviamos remesas de dinero (no la mayoría). El movimiento migratorio que se da en España ahora es principalmente de jóvenes a los que, tras años de buscarse un futuro, “una mala gestión” se lo impide. Tras licenciarse, diplomarse o cada uno con su circunstancia, en numerosos casos, nos convertimos en camareros, lavaplatos, pinches de cocina, au pairs… es un volver a empezar casi desde abajo, a veces consiguen mantenerse en el mismo nivel profesional, otras no. Mientras tanto, el tiempo sigue pasando, los años corren.

Ayer era una persona, hoy soy otra y tendrá que pasar tiempo para que mi nuevo entorno y yo misma encontremos la manera de convivir y ser sin sentirnos amenazados, sin tener miedo, ¿qué necesitamos para adaptarnos?, ¿cuándo dejamos de ser inmigrantes?

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