Mi casa

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Escrito por Mr Ignominioso el 3 septiembre, 2013

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Como la noche, la casa donde habito huele a humedad y a vicio. Es pequeña a la vez que inútil. Tiene un salón grande dividido en dos espacios, uno normal y natural dentro de la artificialidad de una casa, que cuenta con dos sofás, una mesa/perchero/baúl de madera antigua con videos VHS en su interior, una tv de fines de siglo y un calefactor que consume algo parecido a la pólvora. En el otro espacio, una mesa de madera alta medio rota y tres sillas con tres patas cada una. El cuarto donde duermo es una cama y un armario de seis cuerpos tan flacos como el papel de fumar y otro baúl que esta vez hace de mesa/silla/cama. El cuarto de baño es sucio por naturaleza, tiene pelos incrustados en el azulejo, lo que me viene bien porque parece una trampa para cucarachas y culebrinas. La cocina es fea, pequeña, mal diseñada, con una lavadora que chorrea como una mujer caliente, con un frigorífico en donde se creó y almacenó el sida, la lepra y el nazismo y sus diferentes mutaciones tangibles o metafóricas. Esta es mi casa hoy jueves. Lo que más aparece en el suelo de mi casa son calcetines impares por el suelo buscando un camino que seguir, pizcos de tabaco por los porros y kleenex pegados frescos, aunque de varios días.

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La casa hoy huele a violetas, curry y canela, aunque sigue estando sucia. Es cuestión de tiempo, riesgo y necesidad que esto acabe como los chorros del oro, pero es mejor trabajar bajo presión y tener preparada una buena excusa para por si acaso. Para limpiar uso lo normal en estos casos: detergente, lejía, cicuta, leche pasteurizada y caducada y pollas en vinagre. Después de tres horas, la casa no solo no desprende olor a violetas, curry y canela, también se percibe ilusión, esfuerzo, perfeccionismo y vino chileno. Y si se echa imaginación e intuición, huele a sexo y a autorrealización.

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Llega la hora y la casa saca su mejor ajuar, rompe sus cadenas y cimientos para dar la bienvenida al nuevo ser, acomoda sus lujos y soslaya sus defectos. En cuanto ella entra en la casa, todo cambia. El giro es radical, los muebles se cambian de sitio como una puta película disney pero con sentido arquitectónico, en el piso algo empieza a temblar y ocurre un desfile/estampida/emboscada con langostas como góndolas con calvos con bigotes pero sin ojos como timonel, con moscas dentro de tetra brik cerrados que nadan y andan a saltos, con besugos desescamados caracoleando, con Mafaldas hipnotizadas con una imagen de trigo y yerbabuena, con tornados que recomponen con orden y discreción los miles años de destrucción y vendetta, pétalos de aceituna, sal de chocolate, miel de whisky, jirafas diminutas sobre mastodontes gigantes sobre una nariz judía y delfines volando por encima de ovnis que planean a trece centímetros del suelo Ella entra y no entiende el cambio. No conoce de chirigota ni tristeza, aunque sus ojos las poseen. Pese a no entender nada, sonríe, disfruta, se deja llevar, hace un chiste y otorga el don de la normalidad a estos sucesos. Después, sin pensarlo demasiado, me desnuda y se ríe de mí y de mi pene. Luego lo pone erecto y me sonrie. A continuación, nos besamos y hacemos el amor en el techo, detrás del frigorífico y dentro de la lavadora. Todo da vueltas, todo cambia, todo es distinto. Ella me sigue haciendo bien.

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Ella ya se ha marchado, recogió sus ropas y drogas, olvidó salivas y bragas y me prestó su aura para mantener limpieza en mi casa y en mi conciencia. La casa sigue sucia, todo volvió a su sitio, pero desplazado, como si todas las putas cosas que hubo en el suelo montaran a lomos de un caballo de ajedrez y hubieran hecho un movimiento a la vez. Recomponiendo el caos ordenado donde vivo, encuentro un pelo de ella, que me ato a mi pelo para que comience a regenerar/degenerar un ser, un humano que nazca con su inteligencia, su belleza y sin mi capacidad para concatenar palabras sin sentido y crear historias falsas

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Ha pasado una semana, me siento solo. Tengo instintos asesinos, ganas de compartir mi rabia con el mundo, demoler la casa, quemar banderas y religiones, mear en las paredes, vomitar en la cara de las suegras de mis mejores amigos, huir del mundo y de mi, antes, tan añorada casa…

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