¡Ha nacido una estrella!

¡Ha nacido una estrella!

Escrito por Diego Pérez el 2 septiembre, 2013

Diego Pérez

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¡Llegó la primavera! El nacimiento de la vida, el primer brote verde que hace que despertemos del largo, gris y frío letargo del invierno. Y entre esta vorágine de buenas vibraciones, qué bonito es ver nacer una propuesta novedosa y transgresora que intente hacerse un hueco en el ya abarrotado mercado de la información y el entretenimiento impreso. Entre vosotros, lectores y consumidores de palabras que buscáis un minuto de escape del mundanal infierno que es el lugar y la época que nos ha tocado vivir, y nosotros, un equipo que con sus manos intentará darle forma a la caótica materia del pensamiento, el comentario y el chiste sin más, intentaremos crear un buen rollo que espero, humildemente, pueda durar por mucho tiempo.

 

          Mi generación fue muy dura. Los lectores que hayan nacido en los noventa sabrán de lo que hablo. Y no, no hablo de ninguna crisis económica, ni de banqueros corruptos (que no quiere decir que no los hubiese en aquel momento, solo que con más pelo y un fajo de billetes que en lugar de la silueta del viejo continente, llevaban impresos los rostros de Galdós, Juan Ramón Jiménez y el siempre mediático monarca, Juancar para los amigos). Nuestra generación sufrió el miedo agónico e invencible de la mayor tortura psicológica infantil: madre con mirada fija en su hijo y zapatilla en mano o ligeramente adelantada al pie diestro; padecimos la rabia de ver cómo cada dos años la selección española, tan hogareña y tradicional, dejaba los inhóspitos y recónditos lugares a los que la llevaban las competiciones internaciones, volvía a casa movida por un fuerte sentimiento de morriña, que parece que últimamente se ha sacudido de encima. Desde pequeños, nos iniciaron en las malas artes del contrabando y la evasión fiscal: solía coincidir con el momento en el que por motivo de alguna festividad, cumpleaños o fiesta de guardar, un familiar al que no veíamos con frecuencia nos ofrecía, por lo bajo y simulando ocultarlo de nuestros padres, un billete o un par de ellos, deslizándolos entre nuestras manos y con la tan manida frase de “toma, para chuches”. Es posible que Rajoy se acostumbrase demasiado a lo de las chuches… o a lo de los billetes.

 

          Y ¿alguien se acuerda del efecto dos mil?… echando la vista atrás, hemos superado tantas amenazas de Apocalipsis y Armagedón, que lo único que puede acabar con este planeta somos nosotros mismos, es más, algunos ya están dedicados a este objetivo, como son nuestros siempre bienintencionados y equitativos gobiernos.

 

          Como es el primer artículo, y no quiero pecar de verborrea ya en la primera publicación —dadme tiempo, todo llegará—, espero que este recién nacido nuestro de torso de papel y rostro de palabras, pueda crecer, como todos hicimos en su momento, y disfrutar de una larga y entretenida vida, siempre con la ilusión y el buen rollo desde el primer día, aunque esta vez haya sido un poco serio. Y perdonad que me haya puesto algo infantil con esto último… es que cuando pienso en mi niñez… se me escapan las lagrimillas. Eso o se me ha metido algo en el ojo, espero que sea un billete. 

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