Austeridad

Austeridad

Escrito por Laura Carmona Ayuso el 29 septiembre, 2013

Laura Carmona Ayuso

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Llegas al nuevo destino, al que va a ser tu nuevo hogar, nervios, cansancio, ilusión… Una de las primeras cosas que quería dejar atrás era la palabra austeridad, esa palabra que durante los últimos años tanto nos persigue, que tanto escuchamos y que por supuesto es la solución a nuestros problemas pero que al mismo tiempo tanto nos anula. Austeridad, vivir con lo básico, ¿qué es lo básico? Alguien ha decidido que lo básico es respirar, el resto se consideran lujos.

La curiosidad me lleva a buscar el significado exacto de la palabra, austeridad es la mortificación de los sentidos y pasiones.

Nuevamente gato por liebre, nos piden que vivamos austeramente, pero según lo que esa palabra significa, eso no puede ser vida, mortificación de los sentidos y pasiones. Ahora además de vivir con lo mínimo, no podemos tampoco tener ilusión, esperanza.

Dicen que con un poco de aquí y otro poco de allá, la situación se arregla y además el resultado nos hará avanzar en calidad de vida, de algunos claro. Que confiemos, que tengamos paciencia y que recemos. Mientras tanto cada vez tenemos menos oxígeno y más miedo.

Con la austeridad por delante y repito, deseando dejarla detrás, llego a Suiza. ¿Cómo es la sociedad suiza? ¿Cómo se comportan los suizos? ¿Cómo son?

Tal y como me imaginaba, Suiza y con ella los suizos, viven lejos de la austeridad, ufff, respiro hondo, hasta que enseguida me doy cuenta de que aquí premia otro tipo de austeridad. Todavía no sé cómo interpretar sus sentidos y pasiones, ¿dónde están?

Te miran con distancia, te hablan con distancia, te tratan con distancia. Es difícil saber qué piensan, qué sienten, hay un cristal entre ellos y yo que absorbe el lenguaje corporal, el lenguaje emocional. Un continuo feedback que dice: por ahí no vayas, así no se hace. De alguna manera te piden que tú también hagas lo mismo, pero tú no eres así, no es fácil expresar una constante neutralidad o incluso indiferencia.

Aprender a estar cuando se te necesita y desaparecer cuando no, estar cuando debes sin ser llamada. Pedir no está bien visto. La espontaneidad no tiene lugar, todo se prepara, planifica, ordena y consigue. No existen los pasos en falso, todo tiene una norma, y es así como se debe hacer.

Pasa el tiempo, la convivencia es rutina, relajan la apariencia y aparece el Ser. ¿Cómo encajan nuestros seres? La verdad, con ellos, creo que no encajan, no hablo de los suizos en general, sino de los que han decidido contratarme de au pair.

Intento encajar mi ser en el hueco que ellos me ofrecen, pero no puedo, ese hueco, esa forma varía a cada momento, a veces incluso, no hay hueco. En ese momento aprendo a ser simplemente invisible. Comidas, encuentros, cafés, tertulias en las que no debes hablar, tus funciones son claras y, por muy adulto que seas o muy a la altura que estés de las conversaciones, es mejor no hablar, esa no es tu función.

Tres meses después me di cuenta que a mi inicial austeridad económica se había sumado la emocional. Aún no sé cuál es su base de pensamiento o prefiero no saberlo, lo que sí sé es que no es la mía, la emoción y el sentimiento son difíciles de encontrar. De repente te sientes vulnerable, perdido, pero la única manera de avanzar es adaptar de nuevo su forma con la tuya. Te planteas lo que eres, cómo lo eres, en qué estás dividida, qué puedes cambiar de allí en dirección al nuevo contexto, por el simple hecho de sobrevivir.

Se trata de un volver hacia atrás, en algunos momentos siento la inocencia e indefensión de los niños, la diferencia es que no lo soy. Quedarme expectante, atenta, callada, saber encontrar la oportunidad para moverme, en otras palabras volver a empezar, volver a aprender, volver al colegio pero con algo más que libros en la mochila.

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